25 de mayo de 2007

No podría ni mirarte a los ojos...

Sin saber quién fue el canalla encargado de obtener semejante registro fotográfico, me encuentro con la necesidad moral de realizar un pendiente pedido de disculpas. Creo en la redención personal y en la autosuperación, y es por eso que a partir de hoy comenzaré a dormir bien dejando de lado una oscura mancha que me acompaña hasta el presente, momento en el que digo “¡Basta!”. Como podrán observar en la imagen arriba expuesta, cierta pérfida conducta se repite en mí desde las más tempranas edades. En una primera instancia, y ante un somero observador, la imagen en cuestión representa un cálido reflejo de ternura infantil, de ingenuidad desorbitada. Lo cierto es que ante una mirada un tanto más despierta, podemos verla como lo que es: una imagen extremadamente vituperable. Sin más preámbulos quiero sacar esta astilla que llevo conmigo desde los tres años de edad, y tomarme la libertad de hablarle directamente a aquella niña víctima de mis impulsos románticos: Ahora señorita, desde mi avergonzado corazón no me quedan palabras para mostrar mi arrepentimiento. Recordando lo actuado en el momento de la foto, ha llegado el tiempo de guardar la aparente máscara de ingenuidad y confesar una premeditada e infame felonía. No es cierto que te haya arrinconado sin percatarme de tu rechazo para con mi -por entonces- juvenil ser. Debo reconocer que en aquella época conocía tus sentimientos de repulsión hacia mi persona, pero no pude más que aprovechar lo tentador de tu pequeño descuido y tomar ventaja para arrinconarte contra aquella pared e intentar el más fresco de los ósculos. Recuerdo con vívido sentir tu temor, tu rechazo, tu silente desesperación, tu estupor, tu imposibilidad de acción ante mi arremetimiento, cosa que reconozco haber aprovechado descaradamente para intentar sacar el provecho amoroso del que fui malandrinamente beneficiado. Creo que el hecho de no recordar siquiera tu nombre sólo empeora la situación y lo abyecto de mi proceder.
Por eso, observando esa mirada de estupor y miedo inmortalizada en la foto, dejo a tu parecer la aceptación de este sincero pedido de disculpas, y te garantizo desde el fondo de mi alma que de poder volver el tiempo atrás, haría exactamente lo mismo… solo que me aseguraría de la total ausencia de cámaras capaces de mostrarme tal cual soy.

Daniel…