28 de julio de 2007

De las partes subsiguientes (o fe de erratas)


Lo más fantástico de tales conductas registradas, es que esta exorbitante necesidad de subterfugio está sujeta a apariciones aún más sorprendentes. Porque después de todo, ¿qué es la escondida sino la promesa de una fenomenal aparición?
Y es que ella supo historiar huidas, trotes y carreras de embolsados, sin embargo también sabe que ahora mira de reojo –sólo para luego mirar de frente-, que aprendió a esperar el momento en el que sus ojos la asoman, y en el que luego de dar tres pequeñas vueltitas amagando algaradas semánticas, aparece de una forma tan explícita que haría sonrojar a la mismísima existencia. Estallidos luminosos, colores que se pintan solos, palabras fuertes, tiernas, esofágicas, pulmonares y enzapatadas a la vez. De tanta pretérita oscuridad, fogonazos semejantes amenazarían con dejarnos ciegos, sin embargo pocas veces se puede ver tan todo tan exacto. ¿Y qué hacer con tanto suspiro? Bueno, en principio compartirlo, y luego dejarlo bailar.