5 de febrero de 2009

Sarna sin gusto



En la plena mudez del tiempo sin reojo, me permito no dormir. E intento nuevas preposiciones que me expliquen. Pago un desprecio que es entregado con demora y un olvido defectuoso. Compro una estupidez interesante, saco a relucir mis trapos viejos y miro la paja en el ojo ajeno. Sin siquiera intentar aprender de la experiencia, busco consuelo en las películas, pronósticos en los semáforos y en las junturas de las baldosas que no deben ser pisadas. Y sin embargo le digo sin decir, sin siquiera abrir la boca, sabiendo que lo sabe, que quizás sea así y así deba ser. Y si en una de esas me equivoco, en mi defensa menciono que nunca le caí bien al tiempo.

Jogo Bonito


Él me dijo que sólo sabía que no sabía nada. Yo callé. Luego le repondí con un puñetazo en medio de la cara.

12 de diciembre de 2008

Acanalado


Si hasta el mar salio viento y supo distinto,
que ya no me volvió pato pastor.
Y la lluvia otro tanto.
Para papa pato patito.
Y piernas flacas.
Escribí encuentro desabrigado.
Garantizame un graznido duro, petiso, de colador.
No me gusta hablar con diminutivos.

1 de noviembre de 2008

Mosqueta


La primera vez que lo vi estaba arriando, pasaba de camino al corral de los chanchos y las rodillas me temblaron. No sabía que pasaba hasta que me di cuenta que mis ojos lo habían visto y eso me hizo sonrojar. Tenía dos árboles en lugar de brazos. Cada vez que me iba a dormir veía su sombra y escuchaba su jadeo, sentía sus ojos clavados en mi cuerpo desnudo y mientras disimulaba verlo, yo le dedicaba toda mi piel…
Veo su sombra en la oscuridad, veo piel sombra. Usted es compañía peligrosa, gaucho matón. Yo sé que me espía por las noches, que me mira cuando me oculto, cuando me saco la ropa, cuando entro al fuentón. No crea que no me inquieta, tengo el cuerpo marcado y le aviso que quizás me vuelva barro. No se asuste y salga de la sombra gaucho, salga. Eso sí, despacito, gaucho. No se quede ahí parado, agárreme bien fuerte que me desmayo y no me controlo. Sepa que no hay cabestro que me contenga. Y no me trate como a una niña, no se deje llevar por las lunas porque adentro hay una mujer con los dedos llenos de tierra. Acérquese más y dómeme. Déme rebenque, solo eso le pido. Acerque su mano que no pienso morder, solo corcovear un poco para no perder la costumbre y mantener las apariencias. Venga que estoy solita, que los otros están durmiendo. Venga, pero le advierto que debajo de la piel tengo el vestido de novia más blanco ¿Qué, nunca vio una niña en celo? Eso, gaucho, sáquese los pantalones, y déme talero. Saque el rebenque y dómeme, gaucho. Meta rebenque y rebenque, cláveme espuela si lo desobedezco, acométame, que aún no soy mansita. Quiero que me deje su yerra en la piel. No se preocupe por la sangre ni por las lágrimas ni por los pedidos de auxilio. Déjeme tomarlo con las dos manos, gaucho. ¿O acaso se piensa que no se lo que trae entre las piernas? Tiene dos bolas peludas, gaucho y en el medio el mapa de argentina. Lléveme por su Argentina, lléveme por su pampa más húmeda, por sus valles y hondonadas. Pero no me deje así, gaucho. Se lo pido de rodillas. Déme más rebenque si lo merezco, pero dome a esta yegua sin montura que se oxida por no andar. Déme mi medicina, gaucho, que enfermo hasta morir. Gaucho pampeano, gaucho matón. No le tema a este animalito que nació para ave de corral. Usted me maldijo haciéndome mujer, ahora no me vuelva niña de nuevo. No me deje sin su mano, sin su cebo. No importa que me rompa, tráteme como usted sabe, como me merezco, como lo hizo siempre, sin pedir permiso, tomando lo que es suyo. Trátateme, tróteme, sáqueme sudor y sangre de la espalda. Nadie lo va a volver a mirar raro, gaucho. Que su Argentina tiene lugar en el mapa de mi cuerpo… Pero no se asuste, que mi sangre es también la suya y sale porque no quiere quedarse adentro. Y no me de la espalda porque le doy filo, gaucho. Mi cuerpo está maldito y usted tiene la culpa. Vuelva y reciba lo que le doy. Reciba el acero frío de las reces, reciba el filo de lengua como un pollo sin plumas. Y no me mire así, gauchito… Entienda que si no recorro su argentina prefiero morir en otro lado. Eso, quede en silencio ahora, que sus manos no van a hablar a nadie más. Soy su última yegua indómita que se volvió salvaje.

Ni si-quiera...

Si la ilusión se mantenía kilometrada, ahora se desvanece por la imposibilidad de la fe, por el candor que ni el más fundamentalista puede sostener.
Un avión con sobrecarga de tristeza. Y yo, el más estúpido de los acólitos, utilitario de la oración, pérfido ateo, rey canalla entre de los creyentes, la busco entre el smog y la cuarta estrella arriba del edificio de enfrente.
Salinizo los ojos y retumbo en la frase nunca dicha, me lamento por el secreto contado en voz baja, en voz de secreto. Nostalgizo por adelantado la melodía compartida, a cuenta de los años niños que vienen, del calentamiento global que abre una sucursal en el medio de mi pecho.
Y sí, alguna vez me sorprendí porque el corazón no deja de latir hasta que morimos, por el saber que se ve bien en el espejo, por la piel que aun huele a tierra húmeda, a café recién molido.
Y el almacén de suspiros sin una sola entrega.

18 de octubre de 2008

¿Revisionismo Histórico?


"Porque si bien ya no soy el pequeño que soñaba con Uriburu y se despertaba pensando en Alsina, no puedo evitar que se me erice la piel cuando escucho el nombre de los patriarcas de la patria ¿Donde están los hombres?¿Dónde quedaron los Alsina, los Castelli, los Anchorena…? ¿Donde está Moreno? ¿Dónde está mi general Lamadrid? Y no me vengan a hablar de Dorrego, que ya tengo suficiente… y si me viene a buscar Urquiza, díganle que me fui, que no me encontrará… No podemos permitir que esto siga así, que Castelli y Viamonte anden correteando colegialas mientras Ohiggins los mira patitieso… No señor! Tenemos que buscar una patria que ya no se encuentre, que esté en los bolsillos de un Artigas, en la americana del Libertador. Quiero que Viamonte me mire a la cara y me diga que no sabe nada de las porquerías de Urquiza y Belgrano. Parece que hace falta que aparezca Rivadavia, colándose entre los molinetes del ferrocarril mientras Roca le hace de campana para que nos demos cuenta que esta todo pervertido. Rivadavia… entre ceja y ceja…"

De la Unión Civil






De lo intrascendente a la planificación


  • Pienso en reunir un ejército de cucarachas y entrenarlas en alguna especialidad.
  • Consigo arvejas y las pongo sobre el pasto de una plaza.
  • Desvío gotas de lluvia soplando bien fuerte.
  • Cuento cuantos azulejos cortados tiene mi baño.
  • Calculo cuantos de los azulejos cortados de mi baño formarían azulejos completos.
  • Me hago reportajes a mi mismo en idiomas que desconozco.
  • Miro a personas conocidas cuando no saben que son vistas.
  • Trato de pensar dónde estarán todas las cosas que perdí.
  • Le juego apuestas a los semáforos.
  • Busco ante el espejo el momento exacto en que la sonrisa se convierte en tristeza.
  • Finjo sentimientos y dolencias cuando camino por la calle.
  • Apago los cigarrillos antes de que lleguen al dibujito para así fumar menos.
  • Creo que soy superdotado para alguna actividad que desconozco.
  • Nunca camino por debajo de un andamio y esquivo las tapas de electricidad.
  • Tomo leche descremada.
  • Trato de presenciar el momento exacto en que me quedo dormido.
  • Pretendo tener un hijo y que se parezca a mí.
  • Escucho todas las conversaciones de extraños.
  • Cuando viajo en colectivo le hago morisquetas a los otros pasajeros cuando no me ven.
  • Hago muñequitos de papel y los dejo en los asientos pensando en que alguien los va agarrar.
  • Me gustaría reunir todas las fotos de extraños en las que aparezco caminando a lo lejos.

2 de enero de 2008

De las esperas en puntapies.

Cuando el transeúnte le preguntó del por qué de su aspecto, no atinó respuesta alguna. Dudó, pensó, siguió dudando y sólo le alcanzó con descorchar una mujercita, de las cuatro o cinco que llevaba en el bolsillo. La bebió con delectación, extendió su brazo y le ofreció un trago al transeúnte. Esperó unos segundos con el brazo extendido y luego retiró a la señorita, dejándola a los pies de la silla de madera. El transeúnte, como no podía ser de otra manera, dio tres pasos hacia la puerta, se detuvo, parándose con los pies juntitos y dio la exacta cantidad de pasos necesarios como para salir del cuarto y perderse en el reflejo del sol. La mujercita vacía a los pies de la silla esperaba ansiosa a ser pateada casualmente por algún otro transeúnte cualquiera.

22 de diciembre de 2007


Y en las vueltas más lunares, el que no duerme patina.
De tanto en tanto mira lo profundo de su suela,
sonríe de reojo a quien se encuentra próximo
y sigue deslizándose por los azulejos.

Carrera mar

Me habló un sábalo con mal temperamento,
y no dijo nada que no supiese:
me dijo que los sábalos no hablaban.
Ufa...

21 de diciembre de 2007


Con tanta letra no puedo distinguir si la palabra se dice o se escribe.
Yo por las dudas gesticulo de más,
miro con desconfianza,
río tímidamente
y cada tanto muestro todos los dientes.
De tanta señorita arremolinada,
parece como si se oxidara el aire

21 de octubre de 2007

Inundado de coyuntura


Aprieto los dientes para no gritar, pero en vez de eso se escucha un chirriar ensordecedor.
Llega el tiempo de los cachetazos fugaces,
de los insultos desprevenidos,
de un mirar rojo colorado bermellón.
En estos momentos dependo de manifiestos de ocasión y ensayo discursos que dibujan los contornos de lo nublado,
los puntos sin coma.
Tengo las venas despeinadas y por más empeño que pongo, sigo nadando en saliva espesa.


21 de agosto de 2007

Oscultando exageraciones


Pedacitos de canciones susurradas en lo marginal de los huesos.
De entre los músculos, carnes y tendones se inscriben las palabras que son dichas con un segundo de retraso.
El palpito de ser lo peor se convierte en otro hueso más, el numero 209, el distintivo.
Calculo que de ese estado de templanza no se podrá retornar fácilmente sin mediar algún tipo de operación afectiva, algún calculo de índole personal, como un mugido de vaca, la certeza del pez vuelta aleta, o alguna mujer vuelta figurita coleccionable.
Practico tiro al blanco, al rojo y al violeta, que son todos el mismo por mirarme con entonada estupidez.
Calculo por calcular, por divertimento matemático, entonces decapito fósforos y alfileres.
La cabeza es solo mía, y por mía nada más, si se portara bien la dejaría dar una vuelta en ella misma.
Por último repaso la ceremonia de los pies, repaso los pasos, los vuelvo zapatos, suela manchada, tiznada de tanto quedar.
Agarro la copa más filosa y en un furor de brazo veloz, la arremeto contra los aires esperando que haga contacto con alguna cabeza, con esa desprevenida, con la paseante más dominguera.

7 de agosto de 2007

De algunas salvaciones

Los arrecifes no supieron contenerlo. Necesitaba armar su pequeña barcaza y salir nuevamente. Juntó troncos, hojas, semillas, alguna que otra raíz, juntó los suspiros uno a uno, las palabras dichas a nadie, la sombra de la tardecita y unos cuantos granos de arena. Luego, a falta de otras manos, se estrechó a sí mismo las palmas, en fraternal saludo. Se miró cómplice, pareciendo entender lo que él mismo pensaba. El botecito lo esperaba valseando en las olas orilleras, y él, primero con el pie derecho para tener algo de suerte, pisó el agua salada. Un paso siguió al otro, y otro más y otro. Sus pies fueron millones hasta que el último, escondiendo bajo la espuma al rulo más alto de todos, se perdió en el agua.

En lo bajo de sus tacos


Por su diminuto tamaño, pequeña ventarrón la llaman. Tiene algunos años escondidos en los pliegues de su piel, y la mayoría de ellos no le pertenecen.
Cuando camina, las flores de su vestido se le desprenden de a una, y ella, sin siquiera mirar para atrás, sonríe altanera dejándolas caer.
Desde muy chiquita, su cadera se independizó aprendiendo a moverse de un lado al otro con un ritmo propio, marcando el compás de todos los hombres que la miraban y de los que fingían no hacerlo.
Sus piernas son gruesas y las mueve con severa exactitud, asomándolas por el tajo de su pollera. Su vientre esconde más de un secreto, más de una cicatriz, la silueta de escandalosas cantidades de hombres que supieron revolverse en él, esconderse de los huesos ajenos.
Tiene varios nombres y los llevaba a todos lados. Los guarda en una pequeña carterita color azul que alguno le regaló, junto a frasquitos que contienen las lagrimas más saladas que alguna vez ocultó.
Ventarrón la llaman desde los tres disparos, o cuatro, que dio alguna noche.
No hay ventana, puerta, ni pecho que no se abra a su paso, o vieja que no se escandalice por lo terrible de su escote.
Cuando sus manos se abren, sus labios, algo marchitos, saben a licor de tristeza.
Cuando entra a algún lugar nunca se saca el sombrero y tiene una forma muy particular de saludar. Se sienta siempre de espaldas a la puerta y deja que el que llega la tome del brazo mientras ella suspira mariposas.
Cuando habla se dibujan sonrisas y ojos empañados, pero al alejarse tres pasos los rostros inmediatos se travisten de melancolía.
Ventarrón asoma de vez en cuando, después de lo último, después de la coagulación, después de haber amado, en el momento en que aún duele.

28 de julio de 2007

De las partes subsiguientes (o fe de erratas)


Lo más fantástico de tales conductas registradas, es que esta exorbitante necesidad de subterfugio está sujeta a apariciones aún más sorprendentes. Porque después de todo, ¿qué es la escondida sino la promesa de una fenomenal aparición?
Y es que ella supo historiar huidas, trotes y carreras de embolsados, sin embargo también sabe que ahora mira de reojo –sólo para luego mirar de frente-, que aprendió a esperar el momento en el que sus ojos la asoman, y en el que luego de dar tres pequeñas vueltitas amagando algaradas semánticas, aparece de una forma tan explícita que haría sonrojar a la mismísima existencia. Estallidos luminosos, colores que se pintan solos, palabras fuertes, tiernas, esofágicas, pulmonares y enzapatadas a la vez. De tanta pretérita oscuridad, fogonazos semejantes amenazarían con dejarnos ciegos, sin embargo pocas veces se puede ver tan todo tan exacto. ¿Y qué hacer con tanto suspiro? Bueno, en principio compartirlo, y luego dejarlo bailar.

24 de julio de 2007

Y ya van como cuatro.


Si tan sólo lo que calla no se hiciese chirriante estridencia… Pero por más que tapio la entrada de mis ojos, no puedo más que verlo. Es que en esa boca hay mucho más que palabras, saliva, dientes, aires, lengua, ojos, otras bocas. Y es quizás el costadito izquierdo de su sonrisa donde comienza a derrumbarse todo. De allí se descuelgan los escondrijos, los silencios, las siluetas, las almohadas ajenas. Yo, mientras tanto, empiezo a tirar de un hilito blanco que huye por su comisura. Primero aparecen las palabras fuertes, luego las más tiernas, el esófago, los pulmones y hasta los zapatos. Ni si quiera sé que hacer con tanto suspiro.

22 de julio de 2007

shhhhh...


Mirame.
Marchose.
Fuese.
Dejola.
Doy tres pasos hacia atrás,
Miro sin mirar.
Esperola.
Cacheteome.
Sin mirar miro.
Pienso en talar la puntita de todos los árboles, empujar a las viejas que caminan por la vereda, callar todas las frases que no empiecen con “mierda”, pensar todas las que hablen de otros lugares, lamer absolutamente todas las baldosas pisadas por mi mismo.
No me mira.
No me mira.
No lo dice.
No lo digo.
Pateo a la última vieja que quedaba en pie.
Hago avioncitos con fotos viejas, que de viejas sólo tienen su sonrisa.
Doy tres pasitos más hacia atrás.
Sonrío, quieta que sonrío.
Raspame
Escondome.
Peinome.
Esperola.
Dejola.
Sueñola.
Dejola…
Dejola
Dejome
Reencarno en mi mismo y empiezo de nuevo.
Doy nuevos pasos hacia atrás,
Trato de no llevar la cuenta pero ya van como cuatro.
En silente plan de quemar todos los diarios, acerco un fósforo que durará lo que su madera tarde en consumirse.
Insulto a todas las palabras, en especial a las que salen de mi boca.
Insulto a los insultos por no servir para nada.
Detengo la gotita de agua salada que escurre desde mis ojos hoyos.
Dejola.
Dejola escurrirse.
Saludola.
Yo miro.
Parome en la puntita de los árboles talados.
Parome en la puntita del rulo de las viejas.
Parome en las palabras dichas, en las frases calladas, encalladas, llenas de cayos… por lo viejas.
Parome en mi baldosa y de ahí no pienso moverme…
Y si acaso tenés ganas, rinoceronte de papel, vas a tener que dar tu mejor topetazo.

16 de julio de 2007

Preludio


Profiriendo improperios precisos, me promete las praderas más expresas. Primor primaveral, aprende a preparar lo imprevisible, lo sorpresivo. Presta a la proclama, prefiere profanar lo principal, lo primordial de mi pragmática. Como próstata presa de la supremacía presentada, o prepucio precavido, pruebo apresarla en pretérito, en profunda prosperidad, en precoz privacidad. Pretendemos preparar el proyecto reprimido por prelados y pronuncios, practicas sorprendentes en las partes pretendidas previamente por ambos. Probablemente, predestinados, reprobemos a propósito las pruebas sólo para pronunciarnos como practicantes principiantes -no profesionales- de las prosas más preciadas por lo preciosas.

15 de julio de 2007

Monoestacionaria


Parece fría en invierno, pero demuestra que no tiene con el mundo una relación climática. Sencillamente esquiva cualquier clase de contacto, cualquier sonrisa de estación, cualquier vuelo raso que la llegue a despeinar. Traza en su cuadernito estrategias de entendimientos con lo más próximo, con lo que está bajo sus uñas, pequeños microbios, restos de piel, colección de humanidades. Sin embargo, autopista cardiaca, clava pequeños escarbadientes en su ventrículo preferido… el del otro.
Y si hasta el alcaucil tiene corazón, no entiendo bien por qué no se consigue uno.

12 de julio de 2007

Ingenealógicamente hablando, ¿no?


Tengo un familiar lejano, muy lejano
Tengo un familiar lejano que no conozco, que no conocí ni conoceré
Tengo un familiar lejano que me visita a diario
Tengo un familiar lejano que no deja de estrellarse con su avioneta.
Tengo un familiar lejano que se estrella.
Tengo un familiar lejano que cada vez, se tira sin mirar, sin mirarme.
Tengo un familiar lejano que pelea contra su sombra.
Tengo un familiar lejano que pierde sus peleas contra su sombra.
Tengo un familiar lejano que no existe.
Tengo un familiar lejano que soy yo en familiar lejano.
Tengo un familiar lejano que me berrea a cada rato
Tengo un familiar lejano que me lima las durezas.
Tengo un familiar lejano que me airea con su mirada.
Tengo un familiar lejano que no es tan lejano…

11 de julio de 2007

Muy muyñeca


En la espera de algun tiempo más noble, me entretengo contando puntitos rojos en la pared. En el momento en que comienzan a volverse muñequitos diminutos, los dejos de mirar. Sin embargo los hombrecitos no deciden desvanecerse y comienzan a bailar danzas étnicas en lo marginal de mi piel. Agarro uno, con presión amenazante, pero el muy astuto sólo se ríe. Adjudica cosquillas, y el resto ríe con complicidad. No niego que algo de todo eso me resulta un tanto divertido, pero también indignante. Poco puedo hacer al respecto. Por ello devuelvo uno a uno los muñequitos a la pared y sigo mirando los puntitos sangre. Al contemplar la ausencia de uno de ellos, miro para adentro y lo veo, silueta femenina, grabadita en mi pupila. Tatuaje del tiempo, decide quedarse, habitar el espacio, preparar té para acompañar la espera.

9 de julio de 2007

Vernacularia


Una calma que amamanta el pasto. No sabe de cuadriles, cuadradas, nalgas ni bolas de lomo. Amamanta su tranquilidad a fuerza de permanencia. No conoce de destinos, ni siquiera desata secretos. Piensa en si, piensa sobre si, piensa con las pezuñas en el barro. Acaso nos mira de cerca, nos palmea despacito, nos mece en la luz menos lunar. ¿Y qué hacer con todo eso? Nada. El más puro, sincero, conmovedor e inquietante nada.

Sentadito


Hacía mucho que no me respiraba,
que no jugaba ni fingía en mi espera.

De algunos, en cuentos


Ella, como un hilito de palabra que se extiende en el tiempo, realiza prácticas intervencionistas a los colores más pálidos que supe tener.
Toma de espaldas a la escondida toda y amaga salir a desear por otros aires. Mira de reojo, vuelve a esperar, vuelve a mirar.
Afila las garras por las dudas, desciende, crece pequeña, suelta el humo.
Yo intento llegar a lo blanco de su piel y por momentos lo consigo.
Tanto decir la vuelve precisa, tanto silencio la vuelve cayo, quemadura, cosquilla de estómago. Tiene propagandas de ella misma dibujadas en la piel y con el cielo una relación particular.
Postulante a gobernante infernal, me mira con el agua de sus ojos… y lo cierto es que por mi sonrisa irrumpe en increíble expedición a mis adentros y luego de jugar por días, sale dejando un desorden de órganos y sangre, que hasta el corazón se me hace difícil de encontrar.

3 de julio de 2007

Lo inevitable de algunas corrientes


Una olita de lo más mínima, arrancó sus pies de lugar, también mínimos. Cuando volvió a su casa no supo cómo justificar la ausencia, el aire nuevo, la sonrisa aún permanente.

Espumosa


El bailecito de su pelo, esconde las algaradas más coquetas, más terribles.
Mano, cara, dedo, pecho, color calor colador de amargores.
De entre sus labios apretados se esconde la lejanía distintiva,
el desprecio profundo,
el disgusto encordado,
el horror de sus piernas,
los quince o dieciséis que sabemos de su alunado lugar.
¿Es que todo el mundo encuentra alzados a los ombúes?

Niñería


María alcanzó la edad temprana, la edad. Fue desde su cuerpo salado donde saltó a su encuentro. Calientito a su mirada, él repuso los dados dentro del cubilete, sobre la mesa, y empezó de nuevo. Cuatro al cuatro, y uno perdido, prácticamente hermético. Como quien no quiere la cosa, ella comenzó a saborearlo, alimentando mojarras y lombrices estomacales. Él calculó el tiempo, hacía cuánto ella no lo miraba, y lloró una tinta de lo más clara y liviana. Sus órganos muertos, de dolor, de risa, de ella, no lo dejaban en paz y como una oveja que sabe peinar sus lanas al viento vientre, no pudo desatar el nombre de lo salado. Ella intentó, con sus cuatro manos llenar el aire, reunión de huesitos, con luz de su vientre enfermo. Él dejó los dados en la mesa, desordenados, casi muertos y se fue. María permaneció quieta, expectante, como una pequeña y enrojecida flor cúbica.

Escritura para empastar el tiempo.


Palpitando un ahora precoz, ella vive en la punta de sus dedos, junto a un poco de saliva, un algo de tinta, un tanto de aquello, un mucho de lo oscuro, un ritmo parejo, un humo blanco compartido, un carácter descubierto, un rulo ante el espejo. Cualquiera que desee probarla, toque a su puerta, a su cómo. Pequeña los recibe y promete escurrirse sólo un poco

2 de julio de 2007

Acontecimiento mínimo


En movimiento ascendente prepara su ceja para estallar. El recorrido es claro, la mancha se esparce, la basura deviene basura. Aparecen sus dientes, encuentra sus manos. Observa a derecha y luego a izquierda, diversificando sus miradas, multiplicando sus ojos hasta que uno, el más juguetón, se le cae de la cara. Estallan los aplausos.

Respirando hondo


Una tropilla en celo cielo, me crea complicaciones de oso, pequeñas respuestas, pequeños osos. Y donde la compleja percepción me oculta humores de los más próximos, su sonrisa calma las incertidumbres de mis arrugas jugosas.

Casi sin darse cuenta




De cabeza en cabeza va saltando la velocidad más triste de su mirada. Mujer sonido, hermosea el sudor canela de su piel, envidia de sí misma. Entierra con párpados a quien se profesa ante sus pestañas. Cuando abre los ojos, él sigue allí, el muy persistente. Acaso no es amor, acaso no es insistencia, acaso no es lo mismo, acaso es todo eso junto y algo mezclado.

12 de junio de 2007

Sujetando manteles.


bulimia emocional
punto de anclaje
más razonable
luz para pasar la noche.
auto antropofagia, propio canibalismo.
dolor de estómago

11 de junio de 2007

Volada


La presencia de unas palomas en la punta de sus pies, dificultaba su andar. De improviso salieron volando, y sin darse cuenta, ella también ganó cielo. Con el tiempo fue adquiriendo una colección de hábitos aviarios que la llevaban a vivir en mi ventana. Esperando a que emigre con rumbos distintos, no puedo quitarle la vista de encima. Quizás sea por eso que no se marcha.

10 de junio de 2007

Agitando monigotes


¿Alguien dudó, acaso, de las verdaderas intenciones de un contubernio semejante? Bueno, quizás habría que haberlo pensado antes. Era cuestión de tiempo para que decidieran manchar sus manos de felpa y, pudriéndose de rencor, alzar sus piolines en clara señal de protesta. Y si acaso alguien no entendía del porqué del llanto infantil, entonces sólo se debería hablar de sencilla estupidez.

De lo diferente.


Un grupo casi tan malo como ellos mismos. No todos participan del gomoso espectáculo. Ella se para en cada esquina para ordenar. El se queda para obedecer.

Taxidermia


Ella tiene dos bolitas de carne en lugar de ojos. Llora humores de todos los colores. Yo tengo el corazón puntiagudo de tanto afilarlo. Lloro humores de todos los colores.

6 de junio de 2007

Haciendo sombras en la pared.


Todas las noches no fueron suficientes para ella, sólo me pedía una más: y no tuve mejor idea que dársela en las manos. Ahora corcovea por entre mis muslos, y yo no aguanto las cosquillas, o la falta de las mismas. Peleo con la pulga de mi libro por ver quien absorbe más letras.

Deviniendome encima.

Corro al detenerme, me detengo al correr. Luego, y antes, comienzo a meter me dentro de mi boca, masticando mis pies y mis ojos al mismo tiempo hasta trag arme por completo. En ese momento vuelvo a empezar.

3 de junio de 2007

Resbalando sobre mi mismo.

Con el callar en la punta de la lengua, repito:
"Tengo algo de muerto,
quizas sean los dedos,
o la letra sucia de arena en la mesa,
quizás sean las mujeres que no están y que no sangran,
pero ni un poquito.
Mujeres de pies despiertos, vigilantes.
Diez más y me preparo en cuenta regresiva.
No pienso probar el silencio opaco"

Trasnochado




Silueta
De puntillas
Descocida
Sonando ahí
Pincha tu costilla más rosada.
Mujer de covacha dividida
Que rinde, salpica y trina.

2 de junio de 2007

Quieto, casi quieto.


Entro mínimo
olor a carbón
carbón pobre.
Mínimo, cortante.
El mostrador es de la señora rubia rusa rubia.
Vieja, mínima también.
Tacita con flores, líquido oscuro.
La taza se quema, y le pongo sal, pero con respeto.
Media hora, y algunos minutos
espera negra, caliente, salada y humeante.
Vacío de seis, o siete pero sin contar al niño,
también rubio ruso rubio que se mira encima.
Dibujo historias para cada uno de los seis o siete,
pero contando al niño rubio ruso rubio,
que para este momento comienza a fumarse a si mismo.

De tanto en tanto.


Soy un hombrecito de seis renglones
Enterrándome hasta la comisura de sus lábios,
me pregunto:
¿Qué se puede nombrar bajo el agua?

30 de mayo de 2007

Ectoplasmando


No todas las muertes son iguales. Siempre que uno mata, que transforma a otro en cadáver, en recuerdo, en esquelético pasado, no procede de la misma manera. Es que el otro ofrece una resistencia particular al olvido. Espíritus que se empeñan en creer en la inmortalidad apelando a apariciones de ultratumba. A veces, mientras cargamos la escopeta, tenemos que observar cómo su imagen resiste a la muerte tomando forma de taza, de libro prestado, de canción radial o de factor climático hasta entonces inadvertido. Cada uno tiene su propio catálogo de muertos, su colección particular, sus estampitas más difíciles, algunas repetidas incansablemente.

29 de mayo de 2007

Desidia

Tiene en cada párpado un beso escondido. Cada vez que los cierra y los abre, tiene miedo de que se caigan. Los cuida desde chiquitos, tratando de no mirar a la cara a nadie, de no tentar a la suerte. El otro día casi pierde uno en un tren, y la vergüenza la invadió por completo. Les puso pequeñas cadenitas sujetas a lo profundo de su retina que por lo salado del ambiente ya comienzan a oxidarse. Ahora al despertarse hace un ruido espantoso a ventana vieja que levanta en vuelo a todos los pájaros de su balcón.

25 de mayo de 2007

No podría ni mirarte a los ojos...

Sin saber quién fue el canalla encargado de obtener semejante registro fotográfico, me encuentro con la necesidad moral de realizar un pendiente pedido de disculpas. Creo en la redención personal y en la autosuperación, y es por eso que a partir de hoy comenzaré a dormir bien dejando de lado una oscura mancha que me acompaña hasta el presente, momento en el que digo “¡Basta!”. Como podrán observar en la imagen arriba expuesta, cierta pérfida conducta se repite en mí desde las más tempranas edades. En una primera instancia, y ante un somero observador, la imagen en cuestión representa un cálido reflejo de ternura infantil, de ingenuidad desorbitada. Lo cierto es que ante una mirada un tanto más despierta, podemos verla como lo que es: una imagen extremadamente vituperable. Sin más preámbulos quiero sacar esta astilla que llevo conmigo desde los tres años de edad, y tomarme la libertad de hablarle directamente a aquella niña víctima de mis impulsos románticos: Ahora señorita, desde mi avergonzado corazón no me quedan palabras para mostrar mi arrepentimiento. Recordando lo actuado en el momento de la foto, ha llegado el tiempo de guardar la aparente máscara de ingenuidad y confesar una premeditada e infame felonía. No es cierto que te haya arrinconado sin percatarme de tu rechazo para con mi -por entonces- juvenil ser. Debo reconocer que en aquella época conocía tus sentimientos de repulsión hacia mi persona, pero no pude más que aprovechar lo tentador de tu pequeño descuido y tomar ventaja para arrinconarte contra aquella pared e intentar el más fresco de los ósculos. Recuerdo con vívido sentir tu temor, tu rechazo, tu silente desesperación, tu estupor, tu imposibilidad de acción ante mi arremetimiento, cosa que reconozco haber aprovechado descaradamente para intentar sacar el provecho amoroso del que fui malandrinamente beneficiado. Creo que el hecho de no recordar siquiera tu nombre sólo empeora la situación y lo abyecto de mi proceder.
Por eso, observando esa mirada de estupor y miedo inmortalizada en la foto, dejo a tu parecer la aceptación de este sincero pedido de disculpas, y te garantizo desde el fondo de mi alma que de poder volver el tiempo atrás, haría exactamente lo mismo… solo que me aseguraría de la total ausencia de cámaras capaces de mostrarme tal cual soy.

Daniel…

24 de mayo de 2007

Lo extraño de la distancia.

"Siempre fuiste mucho hombre para mí, Arístides.
Ahora que no estas, pueblan mi mente recuerdos felices.
Ya quedaron atrás las disputas innecesarias, los golpes de ocasión,
la indiferencia al acostarnos. Y es raro, pero sólo me asalta el recuerdo
de nuestros viajes a la playa, y de cómo te hacías milanesa…"

Dijo la señora segundos antes de quitarse la vida ahorcándose con su propio corpiño.

De la espera inevitable


Ninguno sabe con certeza que hay de extraño en ellos dos. Simplemente lo intuyen. Acodados en algún mostrador de algún lugar en alguna situación más o menos particular, intentan frenar las lágrimas que se agolpan en la puntita de sus ojos, y comienzan a mirarse de nuevo. Cada palabra dicha con un segundo de retraso genera acantilados monumentales, detenciones de tiempo infinito, tensión excesiva de cada músculo… y aunque parece que el tiempo no está a su favor, se empeñan en dilatar cada instante. Se despiden con un hasta siempre, con un apretón de manos, con una piedra en el zapato.

En cualquier rincón.



Es proverbial la incomunicación existente entre algunos seres. Hay ciertos pequeños animalitos habitantes de la zona más austral del continente que luego de pasar hasta varios años juntos, continúan empeñados en darse topetazos unos contra otros en claro signo revulsivo. En ocasiones simplemente se miran, con los ojos vacíos, por horas, años. No se animan a decir la palabra final, y así permanecen en un letargo indeseable que lo único que les recuerda es su imposibilidad de vivir. Cada tanto vuelven de visita a esos besos furtivos, pero eso no sucede muy seguido. A veces sólo habitan pequeñas porciones de sueño nocturno, pero en otras tantas llegan a poblar parcelas inconmensurables de vida virgen.

22 de mayo de 2007

De lo placentero de algunas elevaciones


Montes de agua marina en el lugar menos pensado.
Ella escala agarrándose con cierta maestría.
Sus dedos mojados y su boca atenta le sirven para sujetarse.
Llega a la sima, mira por sobre el hombro y luego de una leve sonrisa empieza un lento descenso
recorriendo con su lengua húmeda la ladera más rocosa.
Por eso me gusta.
Me quedo en el paisaje, al menos un ratito más.
Ella sube y baja cuando quiere.
La gente no la mira, y por eso se acuesta a dormir.
Mil suspiros la despiertan expectantes.

16 de mayo de 2007

Rinconeando


En lo insondable de la luna, sollozaban ardillas bajo la sombra. Luego de que los belicosos animalitos recorrieran sus cuerpos en busca de comida, se sentaban y numeraban uno por uno. Mirando las cáscaras de naranja que se encontraban en el suelo, rompieron sus collares en espumoso movimiento. Sus nalgas comenzaban a mostrarse ante la luna y la sombra se les escapaba de entre los dientes. Decidieron comerse unas a las otras, porque para este momento ya eran como quince.

14 de mayo de 2007

Lo que queda que es poco



Siempre dije que no es fácil la aceptación de lo distinto. Por ello arengo a todos los microbios a parecerse más a mí, a pudrirse en lo fundamental de mi sabor. Así y solo así será un poco más justo.

13 de mayo de 2007

Harmanos.


SILVIA.- (…) Era hermoso. Las miradas de esos chiquillos en plena búsqueda de sentido... Y si te soy sincera, no me acuerdo mucho cómo me debía ver. Nunca me pude ver a mi misma, exceptuando en un espejo, claro. Recuerdo sus sonrisas. Eran mañanas felices, cargadas de alegría. Era la parte esperada de la jornada. Ella sacaba el diario, y nos leía los chistes. Y los niños reían y reinan... y yo también reía, pero no de lo mismo que ellos. No entendía los chistes...

AMADOR.-- ¿Te acordás alguno?

SILVIA.- No, claro que no. Eran chistes políticos, de actualidad... Yo no me animaba a preguntar, pero me reía de ver el disfrute en la cara de mis compañeritos...

AMADOR.-- Pocas personas se acuerdan de cosas del jardín de infantes...

SILVIA.- Si, gracias a dios tengo una memoria prodigiosa...

AMADOR.-- Prodigiosa y selectiva...

SILVIA.- ¿Qué querés decir?

AMADOR.-- Nada, que te acordás de algunas cosas nada más. De las felices, de las que conllevan risas, pero no te acordás tanto de las otras...

SILVIA.- No digas esas cosas... Me acuerdo, me acuerdo. Por ejemplo de la vez que tuve aquel accidente con la hamaca y le pegue en la nuca a mama.... Nunca me lo perdonó...

AMADOR.-- Y no... También vos... Hay que pegarle a una madre, y más aun si es la madre de uno... Además, accidente, no se si llamarle accidente...

SILVIA.- Pero yo no quise pegarle.

AMADOR.-- La intención muchas veces no hay que tenerla en cuenta. Una vez escuché que el ser humano usa menos del no sé cuanto por ciento de su capacidad cerebral, y que no todos los actos de la conducta humana están regidos por una intención. Pero que igual sigue siendo uno. Esta probado por las ciencias que estudian al hombre. Así que si bien no decidiste hacerlo tuviste plena responsabilidad, y ante todo fue una falta de respeto. Es una falta de respeto no tener en cuenta al otro...

SILVIA.- ¿De qué estas hablando, Amador?...

AMADOR.-- Nada, Silvia, nada... Sólo lo mismo que te digo todos los días. Que a veces no tenés en cuenta al otro como una individuo individual. Digo, por ejemplo, que es una falta de respeto tenerlo a uno por horas escuchando tus anécdotas… y con el calor que hace....

SILVIA.- Bueno, si no querés escuchar no tenés otra cosa que hacer que irte.

AMADOR.-- No me voy a andar escapando de mi propia casa como si fuese un criminal. Y te digo lo peor, es que ni siquiera contás nuevos cuentos. Ya los conozco todos. Por lo general primero empezás a contar acerca de lo linda que eras de bebe, y después seguís con un sinfín de recuerdos de toda tu etapa de iniciación en el aprendizaje formal. Pero después viene la historia de cuando fuiste a la plaza y cómo a vos te gustaba dar vueltas carneros mientras cantabas la marcha de la batalla de San Lorenzo y que un día el tipo que vendía las manzanas acarameladas te dijo “Que lindo, nena, que lindas vueltas que das, y que bien que cantas... toma, toma” Y te regaló una manzana acaramelada, pero a la señorita no le gustaban las manzanas acarameladas entonces te comiste todos los pochoclos y tiraste la manzana, y la vez que fuiste al zoológico y lo mucho que te gustaba la jirafa y que ese día la jirafa estaba durmiendo y no la viste...

SILVIA.- ¡Es que me pasó...!

AMADOR.-- Y la vez que te encontraste un billete de 100 pesos en Mar del Plata...

SILVIA.- Y sí, era mucha plata.

SILVIA.- O de la vez que fuiste a la pizzería y el pizzero te quiso mostrar el horno y yo me quedé en el mostrador comiendo mi porción...

SILVIA.- Bueno...

AMADOR.-- Y que no escuche los gritos…

SILVIA.- Esta bien...

AMADOR.- - Tenía diez años, Silvia, diez años...

SILVIA .- ¿Qué querés comer?

(Silencio)

AMADOR.-- ...¿Que hay?

SILVIA.- Puedo hacer fideo o arroz...

AMADOR.-- Je...Como el chiste ese... El del japonés que va a la farmacia... Te lo conté... El del tipo... El del japonés, que va a la farmacia y el farmacéutico lo atiende, pero no sabe hablar español... No, no, claro, el japonés es el farmacéutico, el otro es un tipo común... Cuestión que el tipo quiere comprar... No, el de la farmacia es otro... El japonés atiende un... un... ¿Como se llama?... Estos lugares que venden... ¿Como es que le dice ahora?... Como el del viejo de la otra cuadra... El tipo quiere comprar fideos, entonces el japonés... No, era arroz, porque el tipo, je, el tipo era, je je , estaba bueno... El tipo le dice... Je.. y el japonés no entiende... y termina que... Bueno, sólo acepta plata china... No me acuerdo, pero era de lo más gracioso... Hace fideos...

SILVIA.-Bueno

AMADOR.- - ¡Silvia!... Arroz, hace arroz... Je... los japoneses son graciosos...

Del Impulso, animal.


Alguna vez fui el suspiro natural, pero ahora no me acuerdo.
Atacando, configuraba en mí la situación más perfecta e irreprochable.
Una mano que se queda, estática, recorre corpuscular su pecho.
Sorprendo al propio tiempo, y no reacciona.
Luego ríe, eso creo. Tiene lágrimas, pero no las veo.

12 de mayo de 2007

Cuidado natural


Disparando a las vacas las voy matando de a una ¿Por qué razón fascinan tanto las ubres medio muertas? No es suficiente con aquel espectáculo en general. Callemos para ensayar la respuesta más evasiva. Y que se cuide tu vaca.

10 de mayo de 2007

En tres suspiros...


Vestida de rojo rojísimo aparece ella en la puntita de mi dedo mayor. De improviso se vuelve sonido humeante, madera quebrada, ombligos con nombre, paladares revueltos y un par de cosas más. Ella me mira y me tapa la boca un poquitito. Entrando en espasmo violento amanecimos hechos papel celofán.

9 de mayo de 2007

La inutilidad de los milagros...




Como un Moisés con afanes modernistas, extiendo abiertas mis palmas y las aguas se abren. Las gotas, suspendidas, no hacen más que humedecer mi cabello y salar mi boca. De entre la escueta población de fieles, por gentileza, dejo pasar a una anciana achacosa que me mira estupefacta. Ella avanza, cansina, mostrando decadas en cada pisada, hasta la orilla prometida. Yo contemplo magnánimo su añoso caminar, mi generosa caballerosidad... alcanzo a darme vuelta y el océano se derrite encima mío. Los peces se ríen en mis oídos. Desde el fondo del mar insulto, intempestivo, a la anciana...ella sólo salpica sus pies...

8 de mayo de 2007

Control vaginal

Y ella que me mira con terrible precisión…
No deja un centímetro de piel sin recorrer con solo un vistazo.
Cada movimiento, cada ascensión de mi pecho al respirar.
Encuentro fascinante su prolijidad.
De a poquito saca de entre su piel un cuchillo desafilado.
Y me besa.
Filo feroz que fagocita el fuego fango.

5 de mayo de 2007

Catálogo de Llantos

Llanto ensayado
Llanto de recién nacido
Llanto de dolor físico
Llanto con lágrimas
Llanto fingido
Llanto respiratorio
Llanto de encuentro
Llanto con mocos
Llanto de ira
Llanto orgásmico
Llanto interno
Llanto extranjero
Llanto amargo
Llanto de melodrama
Llanto de viuda muerta al momento de entrar en su habitación por primera vez, al ver la cama vacía, la cama del enfermo que sufrió a su lado, la cama que acostó las noches de angustia, la cama que vio la cara del propio tiempo diciéndole basta. El pecho chupado por el dolor, el caldo vacío en la mesita de luz. Una conglomeración de silencios atiborrados en un cajón. La promesa de un rayo de luna que se desvanece. Cada tanto intentamos volver a sentir placer. Vida viscosa de viuda violada.
Llanto de ojos cerrados
Llanto de iglesia
Llanto de provincia
Llanto explosivo
Llanto sin lágrimas
Llanto con mueca
Llanto con manos tapadas
Llanto de hambre
Llanto de hombre malo
Llanto de mujer sensible
Llanto de mujer mala.
Llanto de mentira
Llanto enamorado
Llanto apático
Llanto hepático
Llanto cardíaco
Llanto somático
Llanto asmático
Llanto litúrgico
Llanto deportivo
Llanto de desilusión
Llanto ya no lloro más.
Llanto de puerta golpeada
Llanto espiado
Llanto serio
Llanto balbuceante
Llanto de lechuza
Llanto de perro
Llanto de película
Llanto arrugado
Llanto conyugal
Llanto de traición
Llanto de piso
Llanto de rodillas
Llanto espontáneo
Llanto creciente
Llanto de chancho ahogado por sus propias lágrimas. El agua que recurre a ella cuando la necesidad la tienta. Una mano baja por su vestido y en ese momento el festival de caricias comienza. Caricias que no borran lágrimas, caricias que desprenden martes salados, lunes que mojan a las propias lágrimas.
Llanto eréctil
Llanto impotente
Llanto imponente
Llanto de concha
Llanto explicado
Llanto cúbico
Llanto deletreado
Llanto acusador
Llanto postal
Llanto de padre
Llanto de madre
Llanto de hijo
Llanto de cocodrilo
Llanto copiado
Llanto ruborizado
Llanto virgen
Llanto virulento
Llanto empírico
Llanto teórico
Llanto de ópera
Llanto matutino
Llanto pudoroso
Llanto de sauce
Llanto de lunes de madrugada

2 de mayo de 2007

Nunca lo dude.


Cómo no habríamos de cuidarnos si se las ve venir de lejos. La experiencia me ha hecho desconfiar de las faldas largas… la experiencia y las faldas. Planendo ir a donde más duele, fingen indiferencia. Ahora que las tengo cerquita agito mi miembro en señal de profundo respeto.

1 de mayo de 2007

Cuestión de criterio...


Estirando el alma como plantando muñequitos a su paso leve, recorre las miradas de aquellos que la miraron amar. Es por eso que lo acarició suave después del primer cachetazo. Y si de amarlo se trataba ella también sabía cómo.

28 de abril de 2007

Riel


Mirando con cara de alfombra expuesta a un valcesito inbailable propuesto por el traqueteo de los mismos vagones y mapas y un único camino mezclan olores de languidez sudorosa con paredes que muestran letras de exposición variable y ancestral alguien tiene el secreto de aquellas palabras y los olores se siguen mezclando hasta el final del túnel baja gente sube gente y baja uno más yo y yo también salto a una revista de presunta dignidad las uñas miran a los otros las unas a las uñas, que por estar astilladas son mayoría un pelo sale de mi pluma amanzanado con una pubertad literaria tres más y me bajo sube gente baja gente y sube uno más arriba cuando bajo los carteles desorientan obviedades y cada tres miradas una estampita se cuela y el no gracias no impide el patetismo de un santo que se empeña en catequizar mis viajes mirada muerta y la mía es la única viva la mía y la de una niña de piloto azul que ya aprenderá a no mirar y el chirriar que me llega a mi. Y a otros tantos.

24 de abril de 2007


En espera de tu palabra mejor, me detengo a prender luciérnagas.

20 de abril de 2007

Estación


Estación de ómnibus. Un paraje de un pueblo. Posiblemente Santafecino. No hay nadie. Solo pasa por ahí un micro que llega los viernes. Esta de paso. Todos están de paso. Menos ellos. Viven ahí. ¿Viven ahí? Un bar. Viejo. No hay mucho. Luz tenue. Mostrador de madera. Olor a aceite. Una campana con dos sándwiches. Viejos. Un negocio de recuerdos. Mates de que dicen “Argentina”. Ceniceros de plástico. Mucho polvo. Viejos. Por allí circulan el dueño del negocio de recuerdos, un señor y su hermana, los dueños del bar. Un perro. Decadencia. Nadie pasa. Nada pasa. Esperan. Detenidos en el tiempo. Ruta obligada de un viaje del cual ellos no participan. Sólo saben quedar. La promesa de un contingente los alegra. Las pasadas de micros que solo van al baño los incomodan. Preparan en terreno para algo más. Nadie se lo imagina. Ni ellos. Nadie lo sabe. Ni ellos. Una posible conspiración migratoria. La promesa de una ciudad con gente.

19 de abril de 2007

Feliz, Feliz en tu día...


Y que suenen nomás los podridos instrumentos,

que me alcancen las manos más pertinentes,

que me secuestren los recuerdos más horribles,

que me cocinen los guisos más empalagosos,

que me miren los olvidos más genuinos,

que me canten los puñales más oxidados…

Porque señoras y señores, hoy es mi cumpleaños y lo detesto.

17 de abril de 2007



¿Qué diría Foucault
si viera esto?

12 de abril de 2007

De las conquistas playeras

VICTOR.- (…) En esa época tenía bigote... era muy popular. Todos los hombres del momento lo tenían. Y claro, un tipo de bello facial que crece fuerte, parejo en textura y color, capaz de esconder lo suficiente del rostro como para que se note que uno es un hombre con misterio… Y ojo que hablo de bigote y no de barba...
LEÓN.- ¿Y para el caso no es lo mismo?

VICTOR.- ¡No señor! ¡La diferencia es sustancial No sólo en cantidad capilar, sino en las connotaciones implicantes. La barba sirve para esconderse. Para fingir que uno es algo que en realidad no es. El bigote subraya la mismísima esencia del ser en cuestión, la barba resalta las peores condicione del hombre... En fin, cuestión que en el hotel del sindicato estábamos parando yo y dos compañeros más de la fábrica. Y yo digo: aprovecho el fin de semana y me quedo un par de días más. La verdad es que ya le había echado el ojo en la playa a una señorita que no hacia más que mostrarse con una maya que lo único que pedía era ser arrancada, no se si me entendés... Si, bueno, cuestión que a las tres de la tarde salía el último micro hacia Buenos A
ires y los muchachos se lo tomaron. Yo no pude ir a despedirlos. Me encontraba en plena cacería... Venga, acérquese un poco. Dele, no sea tímido. Vega, que estoy a punto de empezar.... Siempre me gusto Mar del Plata. Es una ciudad con aires de mar. Con sus calles resueltas. Es por eso que cuando puedo me pego una escapadita. Pero venga, siéntese. No sea tímido ¿Qué se vas a quedar haciendo ahí?... Cuando la vi por primera vez a Teresa, que así se llama la muchacha en cuestión, estaba ahí paradita a metros del Provincial ¿Y como no querés que me enamore? Tenía puesto un vestidito color amarillo hasta las rodillas. De esos que son como arrugaditos... parecen de papel. Y yo que con el bigote y una camisa de bambula, que te digo que tener una camisa de bambula en esa época era ser un galanazo... Y la verdad que con Teresa fui, como decirlo... fui una especie de granadero sentimental de los rincones de su vida vacacional. Siempre paradito cerca suyo. Estuve los tres primeros días sin decirle nada... pero nada nada, ¿eh? ¿Ella iba a la playa? Bueno, yo camisita de bambula en la cintura, anteojos de moda y bigote peinado, me paraba, oíme bien, me pa-ra-ba a unos dos metros y miraba el mar, ¿eh? ¿Qué me contás?... Cada tanto decía algo del orden de "lo que es el mar, ¿eh?" o "pensar que esto llega hasta Europa"... Para que la mina supiese que no es uno de esos perversos, sino un tipo sensible, culto, capaz de maravillarse ante tales magnitudes saladas...y además para que escuchara mi voz. Porque yo sé que ahora no es gran cosa, pero como tenía un primo locutor, sabía algunos trucos para poner gruesa la voz... y a las minas les encanta.... Bueno resumiendo: Teresa iba a la playa, yo ahí. Iba al mercado, yo ahí. Iba a la "boite", yo ahí... Así hasta que un día me agarró un policía y me dijo que si no paraba de seguirla me iba a llevar a la seccional... Ahí supe que tanto esfuerzo había dado resultado...
LEÓN.- ¿Cómo resultado? La mina te mando a la cana...
VICTOR.- Estaba enamorada, gilastrún. E-NA-MO-RA-DA, ¿'tendés? No sabía qué hacer para ocultar mi felicidad... En eso me acerque un día a la mina... Yo sabía que era mi día de suerte: ya en la playa me había sacado como tres barquillos gratis en la ruleta barquillera. Así que cacé los barquillos, los guardé en el bolsillo, y comiendo uno fui y le dije: "¿Quiere?" Pah... La mina no lo podía creer...
LEÓN.- ¿Y qué hizo?
VICTOR.- Escuchá porque es de locos, mira hasta qué punto llega la histeria femenina,escucha porque es genial: La mina agarró sus cosas y se empezó a ir. Increible. En eso yo me terminé muy tranquilo mi barquillo, y dando un par zancaditas por la arena, la agarro del brazo y le digo... "Teresa, es inútil que se resista... Lo nuestro es un amor más grande que todo el mar este que está ahí atrás... De todas formas tiene que saber que lo nuestro no puede ser... No insista fingiendo indiferencia... Soy un hombre que no puede estar atado a una sola mujer, un picaflor como yo debe volar libre, y no puedo hacerla sufrir, no me lo permitiría, así que prefiero que nuestra relación termine acá y nos recordemos eternamente alegrándonos de haber tenido el privilegio de amar...."
LEÓN.- ¿Y la mina que te dijo...?
VICTOR.- Me miro fijo a los ojos y me dijo... "¿Qué dice?"
LEÓN.- ¿Cómo?
VICTOR.- Exacto... entonces yo agarro y le digo... “Entiendo, no es necesario que digamos nada más. Yo también estoy de acuerdo en que finjamos que no pasó nada”. Ella se dio vuelta y se fue... Lo que es el amor, ¿eh? La mina prefirió irse para que yo no viera sus lágrimas...
LEÓN.- Mira yo no sé si realmente ella...
VICTOR.- Todavía a veces tengo deseos de ir a buscarla y no sé, casarme, pero lo cierto es que me da no sé qué... Teresa, Teresa...
LEÓN.- ¿Cómo sabes que se llamaba Teresa?, por lo que me contaste casi no hablaron...
VICTOR.- Bueno, técnicamente nunca me dijo como se llamaba. Pero, ¿cómo se puede llamar? Tenía cara de Teresa...
LEÓN.- ¿Y cómo es la cara de Teresa...?
VICTOR.- No sé, no lo podría describir... Es la cara que tenía ella... Te aseguro que cuando conoces una mina con cara de Teresa no se puede llamar de otra forma... Vos por ejemplo... Vos podrías ser un Ricardo, incluso un Ernesto... Pero jamás serías una Teresa, no señor...


6 de abril de 2007

Parábola del viejo Tang Chiun y su discípulo Poroto IV


El pájaro y el hombre, o el pájaro o el hombre… o algo así


En ocasión de una de sus habituales caminatas matutinas, el viejo Tang Chiun al contemplar el fallido intento de vuelo de un ave, le dijo a su joven discípulo Poroto:

- Ya lo ves, hasta la naturaleza tiene sus hijos pródigos y sus menos dotados.
- ¿Lo dice por aquel pájaro que parece volar sin nunca haber aprendido a hacerlo?
- No, lo decía por decir… y no me mires más con esa cara… A propósito, ¿quién eres que me sigues a donde mis pies se dirigen?
- Maestro, soy yo, Poroto, su protegido…
- ¡Los porotos únicamente en el guiso, hijo del demonio!


Y en ese momento el maestro, dando un giro inesperado a la situación, salió corriendo en dirección opuesta a discípulo y nunca más se supo de él. Algunos creen que se transformó en un ave de vuelo irregular, otros creemos que simplemente se extravió sin saber
cómo volver al templo. Poroto hoy es el presidente de una importante multinacional.

3 de abril de 2007

Duelo de ingenio con el inspector Ford


El secuestro extravagante.

Medio muerto de inanición, Kermit Kroll entró tambaleándose en el salón de la casa de sus padres, quienes le esperaban ansiosos en compañía del inspector Ford.
- Gracias por pagar el rescate, familia –exclamó Kermit-. Nunca creí salir vivo de allí.
- Cuénteme lo que pasó –dijo el inspector Ford.
-Iba hacia el centro para que me ahormasen el sombrero cuando se paró un sedán y dos hombres me preguntaron si quería ver un caballo que sabía recitar la Declaración de Gettysburg. Contesté que bueno y subí. Luego ya no sé más excepto que me dieron cloroformo y que me desperté atado a una silla y con los ojos vendados.
El inspector Ford examinó la nota de rescate: “Queridos mamá y papá: Dejad 50.000 dólares en una bolsa debajo del puente de Decatur Street. Si no hay puente en Decatur Street, por favor construid uno. Me tratan bien, tengo alojamiento y buena comida, aunque ayer por la noche las almejas de lata estaban demasiado cocidas. Enviad el dinero rápidamente, porque si no se sabe de vosotros dentro de varios días, el hombre que ahora me hace la cama me estrangulará. Os quiere, Kermit. P.S. Esto no es una broma. Adjunto una broma para que podáis apreciar la diferencia”.
-¿Se le ocurre idea de dónde le tenían encerrado?
-No. Oía sólo un ruido extraño fuera de la ventana.
-¿Extraño?
-Sí. ¿Conoce el ruido que hace el arenque cuando se le cuenta una mentira?
-Hummm –murmuró el inspector Ford-. ¿Y cómo consiguió escapar por fin?
-Les dije que quería ir al béisbol, pero que tenía sólo una entrada. Me dijeron que bueno, con la condición de que llevase la venda puesta y prometiera volver a casa antes de medianoche. Así lo hice, pero al tercer cuarto de hora los Gigantes llevaban mucha ventaja, así que me fui y me vine para acá.
-Muy interesante –exclamó el inspector Ford-. Ahora sé que este secuestro ha sido fingido. Creo que lo ha preparado usted para repartirse el dinero.
¿Cómo lo descubrió el inspector Ford?

Aunque Kermit Kroll aún vivía con sus padres, éstos contaban ochenta años y él sesenta. Unos secuestradores de verdad jamás raptarían a un niño de sesenta años, ya que no tiene sentido
.

Woody Allen

24 de marzo de 2007

Parábola del viejo Tang Chiun y su discípulo Poroto III



Así doblan las campanas

En una de sus primeras lecciones Poroto se acercó al maestro Tang Chiun y le preguntó cómo podía prepararse para su aprendizaje. "Piensa que soy una campana", explicó el maestro. "Dame un golpe suave y tendrás un pequeño sonido. Golpéame duro y recibirás un repique fuerte y resonante"… Poroto miró desconcertado y obedeció al maestro. Tang Chiun pasó el siguiente mes en el hospital local.

17 de marzo de 2007

Psssst... competir...


12 de marzo de 2007

Parábola del viejo Tang Chiun y su discípulo Poroto II


El Sueño

El maestro Tang Chiun soñó una vez que era un mariposa… al despertarse no sabía si había soñado que era un mariposa o si era una mariposa que soñaba ser hombre… Tampoco sabía porqué se encontraba desnudo en medio de una transitada avenida.

7 de marzo de 2007


Paso de cuerpo mínimo, cansado.
Nube en la cabeza
Abandono aparente
Sabemos que va a morir.
Él sabe que va morir.
Y ni el público lo salva.

1 de marzo de 2007

Las Calesitas


Hoy en día son muchas las plazas de Buenos Aires en las que se puede ver, ya todas desgastadas y en desuso, aquellas calesitas, en otro momento, piedra angular de nuestros divertimentos infantiles. Y si bien es cierto que todavía hay algunos reductos en los que se puede encontrar a este juego, son muy pocas las aún en funcionamiento. De todas formas no se debe subestimar la importancia del remanente calesitero que aún perdura lacerando la mente de los más pequeños.
Debo reconocer que la repentina desaparición de las calesitas, también conocidas como carruseles, responde a causas aún desconocidas ¿Casualidad o clara motivación política? ¿Víctimas de un desplazamiento tecnológico, quizás? Lo que sí se puede asegurar es que las calesitas han sido por mucho tiempo subestimadas en cuanto a la importancia que revisten en la educación de los más jóvenes en esta sociedad capitalista. Y es que el sólo recuerdo de aquella infantil atracción me hace una vez más hablar del carácter dual y ambicioso del ser humano. Los mismos, y en especial los más pequeños, se apelmazan ante aquel gran coloso con luces, colores, y música que rota sobre su eje arrancando de los más pequeños las risas más genuinas... y las intenciones más perversas. Y es que la calesita en sí no es lo más inquietante. Y ni siquiera me refiero a aquellas que, incitando a una precoz violencia, tienen entre sus figuras pequeños tanques de guerra y aviones bombarderos. Tampoco me interesa hablar de las que tienen animales a los cuales los chicos montan con delectación, sintiéndose inestimablemente superiores a cualquier otra forma viviente. Aún la más "inocente" (acompañado con el ya mentado movimiento descendente de dedos índice y anular de ambas manos ejemplificando el signo ortográfico utilizado) está exenta de la verdadera y encubierta peligrosidad que encierran estos artefactos confeccionados por el mismísimo Belcebú. Y sí, juntando fuerzas, y a riesgo de parecer impopular, debo llenarme de coraje y debelar el misterio que durante siglos encierra esta atracción. Lo peligroso no es ni más ni menos que la famosa sortija. Y más allá del peligro que conlleva que un pequeñín con sus breves extremidades intente estirarse para agarrar la sortija corriendo el serio riesgo de caer fuera de la calesita y ser el protagonista de un derrame de masa encefálica en el suelo del establecimiento, los pequeños se atiborran, ya no en las diferentes formas que la calesita ofrece, sino en los caños que se encuentran en su borde exterior, para poder, de esa forma, estar más cerca de la deseada sortija. Y creo que no hay que ser ningún experto estudioso de la psique humana como para saber que esa afición de los niños al caño, los conducirá inevitablemente a una segura homosexualidad (en el mejor de los casos, fervientemente reprimida) y a las niñas las acercará a una carrera como bailarinas de streap-tease en algún lupanar de mala muerte. Y es que los niños desdeñan a las coloridas figuras, aunque como todos sabemos estas fueron, en primera instancia, las que movieron el deseo de los niños a concurrir a la calesita. ¿Y por qué querer tener la sortija? La respuesta es simple: para conseguir una vuelta gratis... Simplemente detestable. Los chicos se afanan, pasando incluso por sobre la humanidad de los otros infantes, para obtener dicha sortija. Y la codicia por esa vuelta gratis hace que el objetivo sea más competitivo que lúdico. Porque el niño que obtiene la sortija, usará esa vuelta gratis para tratar de volver a conseguir dicho premio y así sucesivamente hasta que este círculo sea cortado por el horario de trabajo del calesitero de turno. ¿Y qué de los chicos que se bajan del entretenimiento sin haber conseguido nada? Bueno, es ese el hecho traumático del que devendrá una vida de mediocridad y frustración. Es por eso que yo, por más deseos que pueda tener, he decidido desde hace un tiempo no ir más a la calesita optando por quedarme sentado en mi casa tratando de contar las motitas de pintura blanca que tiene la pared de mi habitación. Y no creamos que la calesita está sola en esta suerte de Darwinismo Social Infantil. Los otros juegos que uno puede encontrar en la plaza también aleccionan al niño sobre las reglas de la sociedad liberal. Ya sea un subibaja o un tobogán, lo único que hacen es trazar una clara metáfora sobre lo piramidal de la sociedad capitalista que te lleva a estar en lo más alto de la vida un día y al siguiente estar rozando el suelo. El pasamanos te demuestra cómo uno debe esforzarse para no llegar a fracasar, a caer en el arenero (también comparable con lo empantanado de la vida moderna). Las hamacas, como la más ruin de las empresas multinacionales, crean la falsa ilusión de un rápido avance ascendente. A modo de advertencia aclaro que aunque estos instrumentos de perversión sean demodé, con seguridad han sido reemplazadas por formas más efectivas y atractivas para las inquietudes de los más efebos
Y ahora cómo seguir, no? Ya sé que luego de haber sido iluminado por esta crónica uno no puede más que hacer algo al respecto. Y ojo que yo no incito a una revolución, sino muy por el contrario a un simple trabajo día a día. El mismo puede ser rompiendo una hamaca, o simplemente llevando a que el Boby, nuestro perro, haga sus deposiciones en el arenero más cercano. Poco a poco podremos, con trabajo y tesón, cumplir nuestro verdadero objetivo: El control mundial. ¿Qué cómo llegamos hasta él? Bueno, si bien yo he dado grandes atajos para conseguir dicho control, cada uno debe usar la imaginación y encontrar la mejor forma de dominar el mundo, TÚ mundo.

20 de febrero de 2007

Amor Meteorológico



Para las próximas centurias el pronóstico de mi corazón es el siguiente:

Continuará la ola de calor en mis huesos producto de la paradoja producida por el aire fresco que sopla desde el día en te conocí.
Un frente polar baja las temperaturas de mi corazón al verte partir. Para esta vida la máxima será prosperidad y felicidad contigo (para el área suburbana de mi corazón) y la mínima, una existencia de indiferencia con algunas miradas aisladas. La sensación térmica, altísima siempre y cuando su piel se pose sobre mi territorio nacional.
Un inminente reencuentro amenaza las costas de mi imaginación, elevando la temperatura de mis calzoncillos. Es que cada vez que te veo chaparrones de felicidad producen un alerta meteorológico que obliga a evacuar todo malo pensamiento que transita sin cuidado las calles de mi sentir.
Una ráfaga de viento fresco se hará presente con tu mirada.
Lluvias aisladas de besos producirán anegamientos en mi alma.
Un frente de aire cálido perdura en la región central de mi cuerpo producto de una zona de alta presión ubicada en la región montañosa de tu ser. Mejorando hacia la noche habrá delicioso tiempo húmedo en tu cuerpo y un desayuno inminente por la mañana.

Por ello recomiendo no salir del hogar sin un saquito, caminar por la sombra, y si ve que se aproxima una nube de amor, abra el paraguas por las dudas. Aunque le advierto que le será totalmente inútil… Es que en ese momento no habrá vuelta atrás y usted se verá condenado a haber sido arrastrado por el más hermoso de los huracanes. Un huracán con nombre de mujer, una mujer con cuerpo de huracán.

10 de febrero de 2007

Parábola del viejo Tanchiun y su discípulo Poroto


Purificación en Saquitos


Una tarde de Septiembre el viejo maestro Tang Chiun se encontraba junto a su discípulo Poroto a punto de tomar su habitual té. Sosteniendo la pequeña vasija y luego de reflexionar largamente, el maestro refirió:

- La primer taza de té humedece mis labios y mi garganta, la segunda quiebra mi soledad, la tercera busca mi ser más íntimo…
- Maestro… -intentó interrumpir Poroto sin éxito alguno.
- … La cuarta taza -siguió diciendo Tang Chiun- provoca una tenue transpiración; todos los errores de mi vida escapan por mis poros. Al llegar a la quinta taza estoy purificado; la sexta taza…
- ¡Pero maestro..! -volvió a interrumpir Poroto, sólo consiguiendo que su maestro elevase el tono de voz.
- La sexta taza me llama al reino de los inmortales y así debería seguir bebiendo hasta encontrar la iluminación del gran Bodhidharma. Pero como sólo soy un mortal, beberé esta taza de té… ¡Salud, mi impaciente aprendiz!
- ¡Espere maestro! -Tang Chiun bebió velozmente- Maestro, eso no es té… - el maestro escupió el brebaje por los aires- es lavandina… Es que no había otro recipiente…
- Para ti es lavandina, para mí es simplemente no-té. Un monje siempre huele la lavandina, aunque esté adentro suyo… Ve, fiel aprendiz, ve y medita, ve a caminar… y si encuentras un médico mándalo enseguida para aquí.


El maestro en ese momento pensó que había conseguido la iluminación por haber visto un fogonazo a su alrededor. Luego se enteró que sólo era producto de la intoxicación causada por la lavandina… Poroto desde entonces comenzó a lavar los pisos con té.

22 de enero de 2007

Casi...


secos
parados
lluvias
instalado en tu costado izquierdo
moverá
tu ultima vez
bailar

20 de enero de 2007

¡QUÉ HOMBRE!


"El ejercito de pelusas nunca fue suficientemente voraz como para efectivizar mi rendimiento a la hora del aseo. Es que simplemente tengo el alma sucia, aunque cierto es que la suciedad de mi alma no se compara con lo hediondo de mis axilas."


Rubén "El Ñandú" Ferreira, Capitán del ejercito interestelar de sombrillas playeras.

9 de enero de 2007

Fuga de línea


Un hombre al que le aprietan los zapatos. Un hombre al que le queda grande la ventana, chica su casa, apretados los zapatos.
La puerta no abre, la ventana no abre. El hombre no abre.
No se sabe por qué no sale, no se sabe, no se sale.
Su casa lo caza.
Los muebles lo amenaza, lo encarcelan.
Prepara la huida, solo prepara.
Prepara solo.
Solo.
Parpadea y sigue allí.
Abre los ojos y sigue allí.
Toma la llave,
cierra la puerta,
arroja la llave,
mira,
levanta la llave,
abre la puerta,
arroja la llave,
mira,
levanta la llave,
cierra la puerta,
arroja la llave,
no mira…
olvida la llave…
Finge no saber dónde está el picaporte, olvida cómo se maneja, para qué sirve, qué color, forma o tamaño tiene. Olvida el nombre “picaporte” y el nombre “puerta” y el nombre “llave”… No, no olvida el nombre llave… El nombre llave le recuerda la puerta, el picaporte, a el mismo… y no al nombre “el mismo”, sino a su persona….
Se queja ante las sillas, se golpea a propósito.
Espera.

27 de diciembre de 2006

"La ví: así la tiene Dios..."




22 de diciembre de 2006


Es brisa que transpira sentido.
Y en lo terrible de su baile le entrego mi boca,
Adorno el momento... y le entrego mi boca.
Bailemos hasta el punto azul,
Hasta el estómago revuelto,
Hasta la palabra sin palabra,
Hasta la caricia sin mirada.
En tu paso firme de mujer estridente,
Me detengo a escuchar tu resonar.
Y es en esa distancia que las notas forman la silueta de tu melodía.
No quiero construir alfileres de carne, ni distancias de metal.