1 de noviembre de 2008

Ni si-quiera...

Si la ilusión se mantenía kilometrada, ahora se desvanece por la imposibilidad de la fe, por el candor que ni el más fundamentalista puede sostener.
Un avión con sobrecarga de tristeza. Y yo, el más estúpido de los acólitos, utilitario de la oración, pérfido ateo, rey canalla entre de los creyentes, la busco entre el smog y la cuarta estrella arriba del edificio de enfrente.
Salinizo los ojos y retumbo en la frase nunca dicha, me lamento por el secreto contado en voz baja, en voz de secreto. Nostalgizo por adelantado la melodía compartida, a cuenta de los años niños que vienen, del calentamiento global que abre una sucursal en el medio de mi pecho.
Y sí, alguna vez me sorprendí porque el corazón no deja de latir hasta que morimos, por el saber que se ve bien en el espejo, por la piel que aun huele a tierra húmeda, a café recién molido.
Y el almacén de suspiros sin una sola entrega.

2 papelitos:

Daniel dijo...

Dani, sabes que definitivamente me encantan tus poesías. Se pueden hacer muchas cosas en el mundo con el ser poético: resaltarlo, hacerlo ver, desplegarlo, penetrarlo, y ensañarse con él sin pedir disculpas, embelezándolo. Gracias. Segui escribiendo. Cada tanto te dejaré comentarios sobre lo que que destaqué con mi sensibilidad.

Daniel... dijo...

Es bueno aclarar que el comentario de arriba es perteneciente a otro "Daniel". Aparentemente los habemos de a montones...